Tres equis a las tres pm

23 de octubre 2015

Por Hugo Palacios

Hollywood. Así, en perfecto inglés,  se llama la sala de cine porno que se encuentra ubicada en pleno Centro Histórico de la ciudad de Quito. Es uno de los pocos cines antiguos que ha sobrevivido a la invasión de las sectas evangélicas. Donde antes se veían películas de acción (cine Atahualpa), hoy aparece un pastor que pregona milagros; donde antes uno disfrutaba de cintas de karate (cine Pichincha), hoy  es sitio de repetir San Juan y Apocalipsis y quédate señor en cada corazón; donde antes se lloraba hasta el cansancio con películas mexicanas (cine Alahambra), hoy es un espacio de caígase con el diezmo para que sea bendecido. Pero el cine Hollywood se niega a desaparecer, no quiere ser convertido en templo de los aleluyas: prefiere ser pobre pero honrado.

Es en este cine, con un aroma a vela derretida, donde trabaja desde hace casi 40 años Segundo Veloz, el eterno proyeccionista u operador de cine. Su nombre le calza perfecto para ser un actor de cine porno criollo. Sin embargo, en la charla es más bien pausado y su memoria no deja escapar ni una coma, ni un punto siquiera. Don Segundo hubiera sido feliz si el destino, ese animal nocturno y de cuatro patas en quien cree con vehemencia, le hubiera puesto a sudar, no en la cabina de proyección, sino con algunas mujeres que lo besen en inglés y lo desnuden en castellano. Pero la vida le dijo: aquí te quedas, Segundo; no será un lugar cinco estrellas pero sí una sala XXX, que para el caso da lo mismo.

Le dicen el loco, a veces el negro. Su rostro moreno dibuja amabilidad y a pesar de sus 64 años las canas se niegan a mirarlo de frente. Su mirada, atravesada por unos cristales rectangulares  denotan algo de cansancio; son dos higos secos en medio de un desierto blanquecino. Pero su parada y su forma de vestir lo asemejan a un director técnico de fútbol amateur. Y la comparación no es gratuita, de joven soñaba ser futbolista y hasta entrenó en las inferiores del Deportivo Quito, pero otra vez el destino, su amigo pegado al hombro, le llevó por otros caminos, en donde más que patear una pelota tenía que proyectar una película. “Justo cuando ya estaba casi listo para jugar en el estadio Olímpico Atahualpa, se me cruzó en el camino mi jefe del cine y me llevó de las orejas a buscar unas películas. Nunca más me dejaron entrenar”.

Como dos buenos caballeros que tiene interés en escudriñar el cine porno, la entrevista se realiza en la entrada, donde cerca de quince clientes frecuentes entregan su boleto. En la cartelera se lee:

Estreno exclusivo

SOLO CABALLEROS

Primera:

VIVA LA REPÚBLICA

Segunda:

LA PIEL DE LOS ÁNGELES

Con esos títulos uno pensaría que en realidad el cine es para cristianos y demócratas. Sin embargo, es bueno recordar los buenos tiempos, donde el Hollywood era el Hollywood. Una inmensa fila de personas que se peleaban por una entrada: “la cola llegaba hasta el cine Bolívar. Cerca de 1000 personas  durante toda la tarde y noche en tres funciones. Cómo no recordar a Viudas en calor; estuvo tres meses en cartelera y fue la más taquillera de todas. El sexo que habla, una película censurada en el país y que la proyectamos un 25 de diciembre del año 1981. Con decirle que la gente aplaudía cada cinco minutos viendo parejas haciendo de todo”.

-¿Y una película porno que le haya enseñado algo?

-Chuso, a ver… Emmanuel, sí ha de ver visto usted. Verá, la protagonista se introduce un cigarrillo en la vagina y fuma y hace hasta el golpe. Entonces, a mi novia de ese tiempo le propuse lo mismo y caso que pudo. Pero sí aprendí algunas poses y sexo oral y otras cosas. (Emmanuelle es una película francesa erótica de 1974 dirigida por Just Jaeckin y protagonizada por la actriz Sylvia Kristel).

-¿Sus hijos vinieron alguna vez al cine a ver si algo aprendían?

-Claro que sí. Algunas veces cuando eran jóvenes pero así de pasadita nomás, no eran morbosos.

En esta sala de cine no ingresan mujeres. Hace más de cinco años la Alcaldía ordenó que solo caballeros, pues las quejas que existían sobre otro cine porno (América), en donde se decía que ingresaban prostitutas, hizo que las autoridades, pulcras como son, se curaran en salud. A decir de Don Segundo, o Don Patricio como él prefiere que lo llamen, gracias a esa medida ahora entran más homosexuales y a veces hacen sus cosas en media película. Cuenta que en una ocasión, hace un par de años, uno de ellos se estaba desnudando, y él, guardián del orden hollywoodesco, lo hizo salir de inmediato. “No va a creer que hizo circular unas hojas volantes en donde decía: el mechero del Patricio es tirado a hombre pero es más gay que mandado a hacer”.

Ya muy poca gente asiste al Holywood, no más de 100 boletos diarios de dos dólares se venden. Y los viejos pagan medio pasaje. Las películas en DVD y el internet han mermado el negocio. Parece ser que solo quienes no manejan esa tecnología decidieron ser fieles hasta la muerte. Y la muerte no puede estar más cercana al porno. Hace una década, un caballero falleció de un infarto en plena función, su corazón no pudo más y decidió que ese cine, que tantas emociones le dio, sea su tumba. “Se le cayó hasta la dentadura postiza al pobre”. Nelson Rodríguez, morador de la Tola piensa que ese cine es el lunar negro del Centro Histórico, mientras que Sofía Morillo, artista escénica que labora en San Marcos, opina que siquiera algo han de dejar los evangélicos, un diablo en medio de tanto ángel no le hace daño a nadie. Pero que deberían dedicar siquiera un día a la semana a las mujeres, “ni que una no tuviera antojos”.

Al ingresar a la sala de cine, las imágenes lo dicen todo, los gemidos en alto parlante son el telón de fondo de esas cintas sin trama que, sin embargo, se niegan a morir. El señor Veloz se acuerda que en el año 83 se proyectó El imperio de los sentidos, ese gran clásico erótico, película que le gustó mucho y que según recuerda, era japonesa, en 1942 y de la vida real.

Este caballero, operador de cine, abuelo de tres nietos, amante de las mascotas (tiene un cementerio en su casa) y apasionado por la carne apanada y el jugo de naranjilla, cree en la astrología. Se dice un digno representante del signo Leo, pues es muy puto y querendón. Y que a propósito de estrellas, hace unos nueve años ingresó al cine un diplomático gringo con una mujer y dos guardaespaldas. Se refugiaron en la luneta alta de ese entonces y nunca supo qué clase de negociaciones diplomáticas hicieron en la oscuridad.

Son las 17 horas, y en la calle Guayaquil la gente pasa sin siquiera regresar a ver al cine Hollywood. Quizá trae mala suerte, quizá exhala malas vibras, quizá sea un lugar solo apto para solitarios, para aquellos que ya están en 38 que no juega. A Segundo Patricio Veloz no le desagradaría que en su tumba se leyera: “aquí yace un hombre que dio luz por muchos años al sexo más caliente de Quito”.

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2 comentarios sobre “Tres equis a las tres pm

  1. Me gusto mucho la cronica. Gracias por escribir en este desierto de letras. Que tematica tan interesante. Soy Hombre Homosexual y opino muy parecido a Sofía, tambien deberia abrirse un espacio para ellas.

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