Hotel del fin del mundo

Por Walter Jimbo – Poeta y Docente Universitario

Un hotel. Alguien quien se inyecta en la calle. Una mujer llorando por su hijo herido. Un letrero. Una tarde. Mi mano hurgando en tu falda. Eres la tarde,alguien quien se inyecta en la calle y la mujer que llora. Yo soy el letrero que anuncia ya no puedo más, sácate la ropa primor. Habitación número 12. La falda como pétalo vencidocubre el entablado.Carretera húmeda al infierno. Explosiones como cantos en las calles. Carlota Jaramillo armoniza este final del amor, este final del mundo. Erección ácida. El mundo es una conclusión del mal. Esta pena nuestra no tiene importancia. Una tarde en llamas. Mi boca en tu grito rosa. El mundo no tiene por qué seguir en la ruta infame. Tercera guerra mundial en la ventana. Canción fúnebre y palpitante la tarde. Alguien sigue inyectándose en la esquina. Sonido de patrulla. Tu falda,gaviota agitada, abraza la tarde con sus alas oscuras. Me excita. Me entristece. Ya ves que no tiene ninguna importancia. Apocalipsis de miel. Trueno que rompe las ventanas del mundo. Un hotel en la calle ensangrentada. Habitación número doce. Habitación apretada entre tus piernas.El revólver descansa su destino. Miro por la ventana. Muerdo tus pezones hasta que sangran lirios. Hotel que estallará en pedazos esta tarde de juicio final. Quien se inyecta se levanta y se va. Grita. Se le acabó la dosis. Va por más. Empeña el riñón. En cuatro. O perrito. Llámalo como quiera. El mejor culo de mundo. Penetrarte hasta las raíces del cabello. Sobornaré al diablo para alquilar una habitación en el infierno. Tarde muda. Solo gritos y pies apresurados, rotos. Las ambulancias repletas de muertos y heridos. Un día de guerra cualquiera. Desde que amaneció el mundo. Mueves tus caderas como la montaña que me ve morir todos los inviernos, cuando amanezco con el alma acuchillada. Tu entrepierna canta y aprieta. El mundo dejará de girar en cuatro segundos. Esta tarde durará para siempre. Kavafis. Los ríos de Alejandría. Las lenguas de Alejandría. Los senos de Alejandría. Durell besa los ojos invisibles de su Justin. Durell escribe cartas a Henry Miller. Henry Miller llora por su Mona mientras suspira entre las piernas de AnahisNin. La televisión transmite la vida íntima de los escritores en directo. Hotel cinco estrellas para amantes decadentes: agua caliente, televisión por cable, servicio de bar, servicio de suicidio a la habitación.Hotel del fin del mundo. La guerra palpita en la esfera suicida. Lanzo un poema sucio para iluminar la tarde. Lo lanzo al tipo que se inyecta. Herí su corazón asedo. Soy un letrero que dice morirán pronto. Orgasmo primero y último. Gimes. Te lanzas al vacío desde un columpio. Te agarras de mi pecho para no caer al barranco de heridas. Te agarras de mi pupila. Hasta el infinito. Hasta que este orgasmo nos separe. Ahora yo. En cuatro otra vez. Sé mi perra otra vez. Mi puta de esquina. Mi travesti niña. Te penetro hasta la infancia. Hasta la falda de tus diez años. Me caigo de espaldas en tus uñas. Ardor de la miseria del mundo. Te compartiré el vino más delicioso hecho con sangre de mar. Todos los cadáveres arrojados a las aguas. La tarde menstrua un hotel. Un apocalipsis. La trompeta. El arcángel orgiástico. Vamos a ayudar a suicidarse al mundo. Armas y gritos. Tu boca. Tu mano pulcra lanza la primera bala. La primera bomba. Siete muertos. Cuánto te amo mi amor. Todas las noches Hiroshima me explota en los ojos. Los escombros de Palestina me cierran los párpados. El ejército yankee, por error, bombardea un hospital de niños sin ojos en Irak. Ir y venir en tus caderas, tocándolas, estrujándolas. Mar y viento corren por tus senos. Para mi boca sal, para mi boca tu leche y tu vino. Para mi boca tus senos que me protegen del final. Fin del mundo en la televisión por cable, hotel para amantes asesinos. Stalin y Hitler se besan mientras escuchan el crepitar de los cadáveres judíos en los crematorios. Carne brosterisada que se vende bien en las cadenas fastfood. Stalin estira el Archipiélago Gulag por toda Europa del Este. Cuántas armas has disparado en tu vida, primor. Cuántas ganas de matar has tenido en tu vida, amor. Me lanzo a tus ojos claros, tus ojos francotiradores y tiernos. Agua azul en tus ojos. Tu boca sabe a edén fresa. Tu espalda. Sublime ola. Fin del mundo y nosotros en el deseo. Guerra en todos los rincones de la casa. Guerra en los ojos de los niños desesperados que ya no esperan nada. Crecer y matar. Hiroshima me explota todas las noches en los ojos. Los escombros de Palestina me cierran los párpados. Desayuno gas napalm en el hotel Belleclaire de Nueva York. Los piojos de los hippies ensucian la maquinaria del progreso de Norteamérica.La jeringa de Burroughs apunta al culo de la estatua de la libertad, los misiles de Nikitaapuntan al culo de la estatua de la libertad. Los misiles de Irán apuntan al culo de la estatua de la libertad. Las armas nucleares invisibles de Irak apuntan al culo de la estatua de la libertad. La cabeza de Sadam Hussein rueda por entre las piernas de la periodista que se desviste mientras anuncia los muertos colaterales en Afganistán. Hotel del fin del mundo donde preparo las armas para terminar con los restos que aún palpitan en la tierra. Rastros de ternura y crueldad en las calles. Cuerpos vendados. Ojos que corren por ahí, sin cabeza. Misiles enfermos. Tanques todoterreno vienen por nosotros. Hotel del fin del mundo. Hotel Pol Pot. Hotel Pinochet. Hotel Reagan. Hotel Tatcher. Hotel Malvinas. La guerra se riega por todos los rincones de la casa. Tiwintza. El Chaco. El Pacífico. Porfirio Díaz. Hotel del fin del mundo en los noticieros que anuncian escaparon dos dementes y se esconden en un hotel. Hotel felicidad y sexo. Hotel con drogas de héroes norteamericanos. Se subastan los ojos melancólicos de Hendrix. Se rematan las tetas blanquísimas de JanisJoplin. Compre su estadía en el Hotel Morrison.  Fin del mundo mientras te beso y disparo. Mientras soy un francotirador que pasea por tu cintura. Amor. Tarde. Metrallas. Plaza de toros el mundo. La res abierta el corazón se desangra en la arena.

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