“Mañana ya habré cambiado de opinión”

Albert Pla, fotografiado el pasado miércoles en la Sala Galileo de Madrid. / SAMUEL SANCHEZ

El País / 28 noviembre 2015

Por Borja Hermoso

El cantautor debuta como novelista con ‘España de mierda’ (Roca Editorial)

Como él mismo intuye, cuando esta entrevista con Albert Pla(Sabadell, 1966) llegue a sus manos, querido lector, ya no tendrá vigencia. Él ya habrá cambiado de forma de pensar y sentir. Pero había que intentarlo. Pla debuta como novelista con España de mierda (Roca Editorial). Ha terminado su prueba de sonido antes de actuar en la sala Galileo de Madrid. Arranca la ¿entrevista?

Pregunta. ¿Qué se le ha perdido en un género supuestamente estructurado como la novela?

Respuesta. Me puse un día, una letra me llevó a la otra y… Claro, puedes hacer muchas cosas. Por ejemplo, a mí me hubiera gustado hacer un espectáculo sobre Leonardo da Vinci. Y otro sobre un tío que se convierte en pez. Otro sobre un virus que ataca a toda una población… pero como tienes tantas ideas… bah, intenté buscar como un hilo conductor y nada, me puse a escribir.

P. ¿Y cómo se le quedó el cuerpo cuando vio el primer ejemplar, cuando vio que en vez de sus deseos de libro ya había un libro?

R. No se me quedó de ninguna manera.

P. Se la sopla.

R. Noooo, me gusta que haya salido, así me lo he quitado de encima.

P. No habría que darle tanta solemnidad a esto de publicar una novela, ¿no? En la literatura española ya hay demasiados profesionales de la solemnidad.

R. A ver, yo a esto siempre lo llamé librito, no novela. Lo escribí estando de vacaciones en Uruguay, de pie, con niños por ahí, con amigos, que si “mira esto y aquello” y “jajaja”, en dos meses…

P. ¿Le salió de corrido? ¿Puede decirse que la eructó?

R. No, tuve que parar, parar para no seguir… porque se te van ocurriendo tantas cosas que… y luego hay que repasar, corregir.

P. En la mesa de escritura se puede parar. En el escenario, no. ¿Se parecen en algo o son mundos antagónicos? ¿Puede sentirse la misma soledad en los dos?

Lo peor es cuando alguien tiene razón; ¡por tenerla no me vas a matar, hostia!

R. Es que cuando actúas solo nunca te equivocas. Es imposible.

P. Porque solo rindes cuentas a ti mismo, solo eso.

R. Claro. Es más, los imprevistos en el escenario son divertidos. A mí es que salir al escenario no… no me produce ni nervios extras antes ni satisfacciones extras después. Salgo, paso el rato y me voy.

P. Qué pocas cosas sorprenden ya. Usted sí. Su novela también. Es salvaje y divertida.

R. No sé.

P. ¿Le preocupa que haya quien diga “y este intruso, qué hace escribiendo libros?”.

R. Yo siempre fui un intruso. Nunca fui ni el típico cantautor catalán ni sé nada de rumba, pero mira, he tocado hasta con flamencos que me han dicho “¡venga, dale!” y hala, yo ni puta idea, y he hecho teatro con los mejores directores y los mejores actores y tampoco ni puta idea. Siempre me he sentido un intruso. Pero a todo el mundo le pasa lo mismo, creo. No soy único en eso.

P. Hay gente que opina de todo y todo el rato, todólogos que solo meten ruido, ¿no cree? ¿No hay demasiado ruido ahí fuera?

R. La verdad es que sí. Pero ignoro bastante a toda esa gente. Es todo muy invasivo. Pero yo tampoco he sido nunca muy hablador, ¿eh? Por ejemplo, los músicos, por mucho que te hablen, descubres de verdad lo que dicen cuando empiezan a tocar.

P. La diferencia entre si eres “no muy hablador” o “todólogo del ruido” se nota, por ejemplo, en cómo se siente uno en las fiestas…

R. Pero yo, en las fiestas, soy de esos a los que les comen la oreja. Pero en las entrevistas pasa un poco también, ¿eh?

P. ¿Eh?

R. Sí, pues que mis opiniones en un momento dado parece que sean mías y eternas, como si yo no pudiera cambiar de opinión o de estado de ánimo al día siguiente. Es que yo nunca me…

P… nunca se reconoce en las entrevistas.

R. No, mañana ya he cambiado de opinión. El hombre, cuando no tiene razón, es una putada. Pero lo peor es cuando la gente tiene razón. ¡Vale, tienes razón, tú ganas! ¿y qué? Porque tengas la razón no me vas a matar, hostia. La puedes tener hoy y mañana no.

P. Quiere decir que las verdades de hoy a las ocho y diez en esta mesa, entre usted y yo, no son las mismas de mañana.

R. Es que hay gente que es más papista que el Papa.

P. Los llamados medios de comunicación de masas —aunque cada vez con menos masa— ¿tienen culpa en todo esto?

R. Cada uno se gana la vida como puede. Yo, los medios, pues no. Puedo vivir sin ese lío, porque sé que es un lío. Me da grima.

P. ¿Eso siempre fue así o en algún momento leía periódicos, veía la tele?

R. No, nunca he sido muy seguidor, me he perdido muchos presidentes del Gobierno, y eso. Yo no me acuerdo quién era presidente del Gobierno cuando me di mi primer beso.

¿Bataclan? Mientras haya armas, se usarán; y si no, que dejen de fabricarlas

P. Pero sí se acordará del beso…

R. Sí. Tampoco me acuerdo de si entonces tenía dinero o no. Hay personas que sí, que se acuerdan de quién era el ministro de Economía cuando fueron de viaje a Segovia. Yo no creo que la sociedad sea tan importante.

P. ¿Cómo, la sociedad?

R. Claro que hay que organizarnos un poco, pero hostia, déjame vivir, no hace falta que estemos 24 horas pendientes de todo…

P. Uno tiene a veces la tentación, y leyendo su libro se acrecienta, de creer que la música profesional —giras, ensayos, grabaciones, fans…— debe de ser un guateque sin fin. Sospecho que es puro prejuicio y desconocimiento.

R. Pues no sé, yo soy muy puntual, limpio, aseado, no grito, llego el primero y me voy el último… el recorrido que sale en el libro, yo este año me lo he hecho tres veces. Y llevo veinte años. Si no te lo tomas con calma, no se puede.

P. Oiga, en la novela se habla de un atentado con bomba en una sala de conciertos, con muchos muertos. ¿Qué pensó cuando se enteró de lo de Bataclan?

R. Me parece lógico. Mientras haya armas habrá gente que las utilizará. Para eso sirven, ¿no?, para matar. Y si en esas estamos… si se trata de matarnos, pues nos matamos. Y si no, que dejen de fabricarlas. Si hay armas, se usan. Igual que las guitarras.

Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/11/27/actualidad/1448652516_869621.html

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