El posporno en Chile, una sexual crítica social

The Clinic / 17 enero 2016

Por Mariana Arellano Goldsack

El movimiento del posporno en Chile se encuentra aún en pañales, pero hay quienes ya se han atrevido a experimentar con él y desde ahí criticar a una sociedad que consideran machista, normada y capitalista. Con irrupciones públicas eróticas, pretende molestar a los que viven según dicta el sistema. Ese es el fin de la performista local y compañera por años de Hija de Perra, Irina la Loca: “me encanta crear cosas que horrorizan a la gente, total me llamo Irina la Loca, puedo hacer lo que se me cante”.

El posporno es un movimiento que nace a finales de los 80 y principios de los 90 y que, en primera instancia, critica el porno más comercial por ser machista, normativo y estereotipado.

Fue planteado por primera vez por Annie Sprinckle, una actriz estadounidense de películas porno como “Garganta Profunda” que deja de lado esta industria para hacer acciones más performáticas y experimentales, y a partir de eso desarrollar un lenguaje propio, siempre criticando al porno de mercado.

Pero el posporno dejó de reprobar solamente a los videos con finalidades de masturbación y trascendió a otras esferas, transformándose en una crítica social más amplia que usa como recurso la sexualidad.

Según Felipe Rivas San Martín, fundador del Colectivo de Disidencia Sexual (CUDS), que desde el 2002, a través de expresiones artísticas, cuestiona las normas instaladas en la sociedad sobre el cuerpo y la sexualidad, se está frente a “un mecanismo para leer críticamente los contextos locales”.

“La pornografía no es solamente imágenes sexuales, sino que también uno puede leer en claves pornográficas muchas cosas: la colusión es súper pornográfica, la política actual está siendo muy obscena, entonces ahí uno también puede sacar material para el posporno. Es una forma de ver críticamente a la sociedad, de tener una posición crítica frente al mundo”, explica.

“CUANDO UNO TIENE FALO LO RESPETAN”

En una casa de la comuna de Santiago, con techo alto como los de antaño y olor a marihuana, vive Irina Gallardo Báez -más conocida como Irina la Loca- una de las performistas que hacen posporno en Chile.

Irina vive aquí junto a sus dos hijos, una perra llamada Violeta, trajes brillantes, una máscara de “Hija de Perra”, objetos fálicos, pelucas y dildos de todos los tamaños y colores.

“Hice limonada para el calor”, dice sirviéndola en copas la actriz que hizo performance junto a la transformista “Hija de Perra” -fallecida en 2014- durante siete años; ambas se basaban en la contingencia nacional para sus shows.

“Las dos veíamos mucha tele. A mí me interesa saber lo que el pueblo ve, porque cómo voy a luchar por un pueblo que no tengo idea las cosas que le interesan, y me doy cuenta que nos están envenenando. Este ya es el horario en el que empieza ‘Lo que callan las mujeres’, y son todas historias de mujeres maltratadas, ¿cachai? Nos enseñan a ser víctimas y les enseñan a los hombres a ser victimarios. Es tan normalizada la violencia”, reclama.

Eso sí, aclara no ser feminista. “Encuentro insólito todo lo que está pasando con la Bachelet, yo sé que la pobre mujer no ha estado bien asesorada, pero le han dado como bombo, ¿por qué? porque es mujer. Yo no soy bacheletista, para nada, tengo muchos sentimientos en contra de todo su sistema y todos sus aliados. Porque éramos los mismos que estábamos luchando en contra de una dictadura y ahora esos mismos, que están acomodados, son mis enemigos y son los hueones que me dejan afuera del sistema. Pero mi rencor no quita el hecho de darme cuenta que aquí nos dominan los hombres”, acusa.

Una de las intenciones del posporno es que se haga en pública la intervención.

Eso, sumado a accesorios eróticos y una crítica al sistema, son los ingredientes que “la Loca” mezcla para montar sus presentaciones. De hecho, según ella, los bigotes y dildos que usa en sus performance la ayudaron a ser más tomada en cuenta.

“Empecé a usar los falos porque noté que cuando uno tiene falo a uno lo respetan. O no te chaquetean. Para mí todo es fálico, y el falo me lo paso por la raja. Eso es pospornografía”, sostiene.

La performista local explica que el uso de estos objetos surge de una necesidad de decir que “no tiene nada que ver si soy mujer o si soy hombre; soy persona y tengo el mismo derecho de vivir en paz y tener la misma remuneración que un hombre. Esa es mi lucha”.

Para sus presentaciones, sus objetos favoritos son los penes, la sangre y el plástico; “todo lo que sea desechable. Porque así es la sociedad, así somos. ¿No me sirves? Te desecho, te elimino, te bloqueo”.

Para preparar sus shows, Irina dice basarse en la frustración de que “Pinochet logró su objetivo. Aquí no estamos viviendo en democracia. ¿De qué sirvió la lucha que yo llevé durante mi juventud? ¿De qué sirvieron todos mis muertos? Cuando voy al Museo de la Memoria mis muertos no aparecen”, alega levantando la voz. “¿Cómo crees que me siento cuando veo a la Isabel Allende, hueón? ¿Cuando veo a la Tohá? Mira como me tiene el barrio. Pero estamos en democracia”, dice en tono irónico.

Felipe Rivas agrega que la gracia es “irrumpir un espacio común. Los espacios siempre están normalizados y el porno podría ser una manera de desencajar esa manera habitual en la que uno está habitándolos”.

CUESTIONAR EL SISTEMA

El posporno aboga por una disidencia sexual, oponiéndose al uso del término “diversidad” que llama a la integración de las minorías a la sociedad.

Felipe Rivas advierte que “el peligro que tiene el integracionismo, sobre todo en las políticas minoritarias, es que siempre integrar a una minoría a lo mayoritario deja intacto el sistema; no lo cuestiona. No cuestiona el marco, sino que dice ya, metamos a los negros, a los indígenas, a los homosexuales y a las mujeres a esto que ya está armado, pero no cuestionamos la estructura misma de este sistema”.

El artista de 33 años asegura que “sobre todo con ‘Iguales’, que surgió en el gobierno de Piñera, ha habido una neoliberalización de lo gay. Hoy día el discurso del mercado está reivindicando la diversidad. Te venden 15 versiones de la Coca Cola, 20 posibilidades distintas de yogurt; toda la lógica actual del capitalismo en su plano neoliberal es la diversidad”.

Dentro del feminismo hay voces divididas en la discusión básica del posporno, sobre el planteamiento que acusa a la pornografía de mercado de reproducir los estereotipos sexuales: “había un feminismo que era más censurador, que era anti porno, con una estrategia que incluso se podía parecer a la de los sectores más conservadores. Y por otro lado, este otro feminismo que frente a eso le daba una vuelta y producía otras cosas; hacía su propio porno”, explica Rivas.

Respecto de si la finalidad de este movimiento es excitar, el propulsor del CUDS aclara que “pretende excitar más cosas que el porno de mercado, porque busca excitar los cuerpos, pero también las mentes, los pensamientos políticos y afectivos; es más amplio”.

El mismo pensamiento comparte la argentina Laura Milano, investigadora del posporno y comunicadora egresada de la Universidad de Buenos Aires (UBA), quien agrega que “hay materiales posporno que reflexionan sobre la guerra, el narcotráfico, la homofobia, de todo. Tiene un contenido político muy fuerte y a veces, algunos contenidos que son sexualmente más explícitos obvio que sí excitan, pero para mí no es el ingrediente más importante”.

Milano, junto al grupo PostOp de España, el performista Milo Brown y la activista feminista Rosario Castelli, realizaron una irrupción posporno en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA que duró cerca de 10 minutos, pero que provocó revuelo en la opinión pública durante meses.

Cinco personas casi desnudas comenzaron a tocarse a sí mismas y también entre ellas. Una joven introducía un micrófono encendido en la vagina de otra que estaba acostada sobre una mesa, esto para que se escucharan los sonidos internos de su cuerpo. Mientras eso ocurría, una chica susurraba poemas eróticos al oído de los espectadores y otros experimentaban con el sadomasoquismo y el drag queen. Todo frente a un grupo de estudiantes y profesores que pasaban por el lugar y se detenían a ver lo que estaba ocurriendo, grabando y sacando fotos.

Esta intervención fue parte de un ciclo organizado por la universidad llamado “Miércoles de placeres”, que pretende generar espacios artísticos dentro del establecimiento.

“Decidimos que esta performance no suceda a puertas cerradas, sino que suceda en los espacios comunes de la facultad, donde los estudiantes transitan para ir de una clase a la otra. Un poco para recuperar esto que en el posporno se practica mucho, que es la exhibición en el espacio público; mostrar las sexualidades disidentes”, recuerda la argentina.

Laura Milano

“La idea fue simplemente poder sexualizar y habitar eróticamente los espacios comunes de un edificio universitario, que bastante lejos están de ser espacios erotizados, pero sí están sexualizados. La forma en la que nos desplazamos por esos espacios, qué cuerpos están presente, qué identidades sexuales están presente y cuáles no, habla de que ese lugar público está sexualizado pero no se ha generado una reflexión erótica”, explica la activista.

Según la autora del libro “Usina Posporno: disidencia sexual, arte y autogestión en la pospornografía”, crear una performance posporno “tiene que ver con las inquietudes y las motivaciones y deseos del colectivo que lo ejecuta. La idea surge por reunirse entre amigos y pensar qué se podría hacer, pero luego en las ‘perfos’, mucho se libra a la improvisación del momento. Cada cual va con una idea inicial y después se deja a la experimentación de los cuerpos, como cualquier encuentro sexual con un otro o una otra. Porque no estamos haciendo una representación teatral, son nuestras propias sexualidades las que están envueltas en la experiencia”.

Fuente: http://www.theclinic.cl/2016/01/17/el-posporno-en-chile-una-humeda-critica-social/

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