La vida es matemática

C-Cultural / 22 enero 2016

Por John Allen Paulos

Durante largo tiempo, los divulgadores se mostraron pesimistas ante la posibilidad de popularizar las matemáticas. Bastaba con poner en un texto una ecuación, se decía, para perder en el acto a nueve de cada diez lectores. Así las cosas, esa ciencia formal se tornó la cenicienta de la divulgación. A buen seguro, en el pesimismo influía el hecho de que la abrumadora mayoría de los comunicadores no se llevaba bien con los números. Explicar la teoría de la evolución o describir el universo cuántico en una infografía parecían retos asumibles, pero encarar un reportaje sobre teoremas célebres parecía superior a sus fuerzas.

Hoy, el panorama ha cambiado por completo. En la blogosfera se multiplican las bitácoras consagradas a la aritmética y en las librerías se suceden los lanzamientos editoriales dedicados a las matemáticas. Hay motivos para creer que esa ebullición se debe a la disposición de los especialistas a lanzarse al ruedo para subsanar la laguna creada por la divulgación tradicional. Entre estos sobresale John Allen Paulos (1945), el profesor de la Universidad de Temple (Estados Unidos) autor de varios libros superventas sobre esa rama del saber.

La vida es matemática es el título más reciente de este ensayista con aires de sabio loco. En parte se trata de una autobiografía que abarca su infancia entre inmigrantes griegos en Chicago, su iluminadora disputa con un profesor tiránico sobre estadísticas de béisbol, su estancia de cooperante en Kenia para escapar de la guerra de Vietnam, su trayectoria académica y su etapa actual de ensayista plurigalardonado. Al mismo tiempo, su recorrido biográfico le sirve de excusa para divulgar su disciplina en base a hitos del itinerario vital tales como la elección de profesión, el matrimonio o la muerte, junto con asuntos fascinantes como el peso del azar en nuestras decisiones.

Contra lo que pudiera sospecharse, Paulos no pretende explicar la totalidad de la vida humana en clave numérica (“el pensamiento lógico dificulta con frecuencia vivir el momento”, reconoce), pero no se priva de apuntar que “portamos la geometría del ADN del genoma, la teoría de redes de nuestras conexiones cerebrales, y el ritmo sinusoidal de las funciones corporales circadianas”. Le entusiasma observar cuántas nociones matemáticas cruciales hay implícitas en el Monopoly y desmitificar los falsos momentos críticos asociados a múltiplos de diez (cumplir 30 o 50 años). Y con estoicismo nos recuerda que cada ocho años nuestra probabilidad de morir al año siguiente se duplica.

John Allen Paulos ha escrito un delicioso híbrido de memorias, anécdotas desopilantes, demostraciones y agudas observaciones acerca de la dificultad de atribuir un sentido coherente a cualquier biografía, concluyendo con una melancólica reflexión: “La consciencia de nuestra mortalidad es una función constante creciente”. Comparada con obras suyas de corte monográfico como El hombre anumérico, o Un matemático lee el periódico, quizás la pieza aquí reseñada no parezca tan contundente, pero no por eso presta un servicio menor al esfuerzo por convencernos de que los números no muerden.

Fuente:http://www.elcultural.com/revista/letras/La-vida-es-matematica/37534

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