La muerte de un luthier

El periodista y escritor Daniel Samper Pizano recuerda a Daniel Rabinovich, miembro de Les Luthiers

El Tiempo / 22 agosto 2015

Por Daniel Samper Pizano

Sus amigos lo llamaban Neneco y el público lo reconocía como el más gracioso de Les Luthiers. Él era el bigotudo el que tocaba la batería, el que soplaba el trombón rodante (bass pipe a vara), el bolerista, el personaje adorable pero un poco tonto a quien se le enredaba la lengua, leía mal los papeles y confundía la avant-garde con Ava Gardner.

Su nombre completo era Daniel Abraham Rabinovich y falleció el viernes en Buenos Aires a los 71 años. Se lo llevó una breve enfermedad que redujo a una silla de ruedas a este hombre inquieto y divertido que había sido fundador y miembro clave de Les Luthiers, abogado, actor, administrador, narrador, ganadero fracasado, futbolista por afición, billarista de éxito y cocinero de asados memorables.

La noticia partió a millones de fanáticos del grupo y a cientos de amigos de Rabinovich como una puñalada: todos creíamos que los humoristas son inmortales.

En 1967, cuando un parche de universitarios mamagallistas conformó un grupo que se entretenía fabricando instrumentos a partir de objetos cotidianos, Rabinovich pesaba 103 kilos (luego bajó a 75) y tenía 23 años. Los dirigía Gerardo Masana, un loco genial que dejó la arquitectura por dedicarse a la música y el humor.

Aparte de Daniel, acompañaban a Masana un locutor, publicista y matemático (Marcos Mundstock) y un guitarrista y exestudiante de medicina que se desmayó la primera vez que vio sangre (Jorge Maronna). Pocos meses más tarde se le sumó un químico aficionado al piano y a estudiar los caracoles (Carlos Núñez Cortés) y, con el tiempo, otro arquitecto jazzista (Ernesto Acher) y un director de orquesta de copioso pelo crespo (Carlos López Puccio).

La agrupación argentina celebra sus 40 años, durante la presentación del libro ‘Les Luthiers de la L a la S’, de Daniel Samper Pizano, en mayo del 2007, en España. Foto: EFE

La casa de todos

En 1973 murió en Buenos Aires Masana (no, los humoristas no son inmortales), pero el grupo superó la orfandad. Y en 1986, hace casi 30 años, se retiró Ernesto Acher. Desde entonces, hasta ahora, Les Luthiers fueron cinco.

Neneco, que hoy falta de ellos, ya sin remedio, era uno de los más gocetas y de los más dispuestos a cambiar el frac por los bluyines. Fue actor de televisión, escritor de dos libros de cuentos, asiduo de estadios y restaurantes y astuto jugador de billar a tres bandas. En Colombia lo vimos encarnando a un matón argentino en la telenovela Leche. (Lea también: Muere Daniel Rabinovich, nace la leyenda de ‘Neneco’)

Su casa, una quinta amplia y amable en las afueras de Buenos Aires, era la de sus amigos. Allí solían encontrarse con Susana, la compañera de estudios que se casó con él, sus hijos –Fernando e Inés– y sus nietos. Le gustaban los animales y una vez compró un perro porque le recordaba al Negro Fontanarrosa. Hay fotos que así lo prueban. Neneco asaba carne para todos. Jorge Maronna, tan buen guitarrista como parrillero, reconoce que lo que sabe de bifes a la brasa, morcillas y chorizos lo aprendió de él.

La incontinencia humorística

El aprecio de sus compañeros por Rabinovich es unánime. “Un histrión, un tipo que tiene un manejo notable en el escenario y mucho swing”, dice Mundstock en la biografía oficial del grupo. “Es la incontinencia humorística”, dice Carlos Núñez Cortés. “Brutalmente espontáneo”, añade Carlos López Puccio. “Gran actor intuitivo y, además, músico”, remata Jorge Maronna.

Hace unos meses, la mala salud, que ya le había dado un par de sorpresas,obligó a Neneco a ausentarse de las tablas y lo reemplazaron los habituales sustitutos de Les Luthiers. El primero en lamentarlo fue él. “Lo que más me gusta es actuar en público”, dijo varias veces. Actuar, pisar el escenario, divertirse bajo los reflectores, le atraía más que escribir letras o componer músicas. En cada función lo demostraba.

Aunque tocaba varios instrumentos y aportaba comentarios y opciones en los ensayos, se le encendía una luz especial cuando escuchaba en el teatro repleto las últimas notas del Concerto grosso alla rustica, habitual preámbulo del espectáculo, y se apagaban las luces y se palpaban en el auditorio las risas contenidas. Entonces Daniel, que a veces era capaz de poner cara de notario, formaba con sus compañeros para el saludo inicial y se hinchaba de contento.

El de la lengua trabada

Les Luthiers son famosos desde sus comienzos por las músicas paródicas, los textos de introducción a las obras, los instrumentos informales que emplean para interpretarlas y la representación misma que hacen en escena. Sin embargo, a estos cuatro premios se unió otro más en los últimos dos o tres lustros: los disparates lingüísticos que poco a poco se convirtieron en uno de los puntos más atractivos de Les Luthiers.

Creadores y actores de estos enredos babélicos han sido Mundstock –el locutor que hace estallar la primera carcajada con solo mencionar el nombre de Johann Sebastian Mastropiero– y Rabinovich. Pero nadie negará que el principal protagonista fue este último. A fuerza de tropezar con sílabas, fonemas y morfemas, Rabinovich logró crear un personaje inolvidable, Esther Píscore, que no se sabe bien si es una dama de dudosa conducta o si se trata apenas un derivado chueco de Terpsícore, musa de la danza.

Dentro de dos años, en septiembre del 2017, este grupo sui géneris cumplirá su primer medio siglo de existencia. Ya Daniel Rabinovich no estará presente, pero su recuerdo entrañable y sonreído acompañará permanentemente las funciones de Les Luthiers. Al final, va a resultar que los humoristas sí son inmortales.

Así lo recuerdan amigos y admiradores de su talento

Carlos Núñez Cortés
Miembro de Les Luthiers

“Es la pérdida de, tal vez, el más gracioso. Hizo fragmentos maravillosos. Nos enseñó a reír. Era un descendiente del humor de Cantinflas. Ahora no seremos quinteto, seremos cuarteto. Debemos aprender a seguir jugando sin él (…). Fue un compañero siempre cariñoso, muy pendiente de los problemas de cada uno, de la familia”.

Juan Taratuto
Director de cine argentino

“Todo el mundo lo admiraba. Era un tipo amiguero, entrañable. Estaba todo el tiempo disfrutando de la vida y pasándola bien. Siempre tenía una anécdota para contar. Hace un tiempo tuvo un problema de salud y me dijo: ‘Yo me puedo morir mañana, ya viví seis días’ ”, dijo Taratuto (quien lo dirigió en la película ‘Papeles en el viento’) a ‘La Nación’ de Argentina.

Eduardo Sacheri
Escritor argentino

“No soy muy amigo de los obituarios, porque siento que son incapaces de hacerle justicia a las personas. Sobre todo con la gente excepcional. Solo diré que voy a extrañar mucho a Daniel Rabinovich: por inteligente, por honrado, por buena gente, por artista, Todo eso en grado sumo”, expresó el escritor a través de su cuenta de Twitter.

Álex Grijelmo
Escritor y periodista español

“Sus monólogos disparatados y llenos de juegos de palabras quedarán guardados para siempre en las vitrinas de lo mejor del arte escénico, y también sus gestos de histriónica elegancia o sus canciones melodiosas de formalidad irreprochable y de letras hilarantes”, escribió el periodista y escritor en ‘El País’, de España.

Kevin Johansen
Cantautor argentino

“Hay gente que no debería morirse nunca…Daniel Rabinovich, por ejemplo… Se nos fue de gira un grande de la música y de la vida, Daniel Rabinovich, te amamos siempre! Gracias!”, escribió en su cuenta de Twitter el músico argentino.

Fuente: http://www.eltiempo.com/entretenimiento/musica-y-libros/muerte-de-daniel-rabinovich/16273079

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