Michel Onfray: “Vivir como cínicos es ser libertinos”

El filósofo francés que circula por fuera de la academia habla en esta charla sobre la vigencia de Diógenes, el hedonismo, la gestión de Obama, critica al populismo y analiza la Argentina.

Ñ / 22 Julio 2013

Por Luis Diego Fernandez

Lárgate, me haces sombra”, Diógenes le dijo a Alejandro Magno. Una postal que el filósofo y escritor Michel Onfray empuña siempre que quiere mostrar cuál es su terreno de juego en la tradición filosófica. Un modelo ético y estético: una variante para pensar, sin Platón y Aristóteles, en los márgenes, con rigor y dureza, esculpiendo una filosofía como arte de vivir. Efectivamente, reactivar el cinismo antiguo en el siglo XXI sonaría pobre si lo redujéramos al exhibicionismo en la vía pública, la masturbación, el nudismo, el escupitajo, el canibalismo o arrastrar un arenque con una cuerda. La modalidad cínica que Onfray toma como emblema implica el desprecio “a los profesores ciruela, los poderosos arrogantes y los que compran filósofos tal como se compran esclavos, a los que hay que aclararles que preferimos el sol antes que sus luces artificiales, los que nos impiden vivir y que merecen una buena patada en el culo”.

Nacido el 1 de enero de 1959 en Argentan, un pequeño pueblo de Normandía, Onfray fue el hijo de un obrero rural y una mucama. Con una infancia que atina a ser un calco de la poética de Zola, el niño Michel fue abandonado en un orfanato salesiano –“morí a los diez años”, señala. Trabajador en una fábrica de quesos, empleado ferroviario, Onfray encontró en la filosofía un sentido, un vector, una viga maestra que sostenga su dolor. Impecable alumno, una vez doctorado y luego de dictar clases en un liceo secundario, abandonó la educación oficial francesa para fundar la Universidad Popular de Caen y la Universidad Popular del Gusto: espacios de autonomía donde, entre otros profesores, dicta seminarios anuales, gratuitos y libres, en los que cruza hedonismo, anarquismo y estética. En suma, la vida del filósofo como testimonio –evitó el matrimonio y tener hijos, rechazó honores y cargos–: Onfray dice confiar más en sus ideas que en los hombres.

La reciente edición de Filosofar como un perro (Capital Intelectual), un conjunto de crónicas breves que el filósofo francés publicó en el semanario satírico semanal Siné Hebdo, deberían leerse como ejercicios anarquistas que inquietan, se disfrutan, pero nunca ilustran, algo que se agradece. Pequeñas dosis e inyecciones cotidianas producto de los viajes, conferencias, lecturas, avatares de la vida política, social, la coyuntura francesa o mundial. Un año de “aguafuertes” semanales que pueden operar como un abanico perfecto para presentar la obra del filósofo a ignotos e interesados.

Ñ dialogó con Michel Onfray, quien no deja de sorprender con sus posiciones y miradas excéntricas pero contundentes: la viabilidad del cinismo de Diógenes estos días, el incipiente elogio a Obama, la crítica a Chávez y al populismo, el curioso análisis de la Argentina (que visitó años atrás), la inexplicable vigencia del psicoanálisis en Buenos Aires y su futuro literario con trabajos sobre Sade, Don Quijote y un proyecto ambicioso que se podría considerar su “primer libro”.

¿Cómo serían esas formas de vida cínicas que menciona en el prólogo del libro?

Vivir como cínicos, como Diógenes, no es usar un abrigo sucio, tener la barba manchada con el menú de la semana, masturbarse o copular en la plaza pública, sino volverse libertino, en el sentido del siglo XVII, o sea, liberado, o libertario. Es no tener ni dioses ni amos, no reconocer ninguna autoridad por el hecho de ser autoridad, no confiar nunca en las instituciones, no creerles ni a los periodistas ni a los universitarios que son formadores de opinión de la sociedad del espectáculo, no creer ni una palabra de ningún político que hace carrera, rechazar los honores, los cargos, los nombramientos, las condecoraciones, preferir el ser al tener, construir la propia vida sin tener que deberle ni pedirle nada a nadie. En una palabra, es “crearse libertad” para utilizar una bella expresión de Nietzsche.

En su obra la relación entre hedonismo y anarquismo ha sido el eje, ¿de qué modo ve que se puede articular hoy día?

El hedonismo que propongo es un hedonismo del ser, es el antídoto exacto para el hedonismo del tener. El hedonismo filosófico es un arte de vivir libre, sin las asperezas que permitirían a un tercero dominarnos; el hedonismo trivial, consumista, capitalista y liberal es un hedonismo de la posesión, de la propiedad, del tener, de la apariencia, del parecer. Coincide, por ende, con el anarquismo si se tiene cuidado de evitar también en este caso el catecismo proferido con tanta frecuencia por los devotos de la anarquía. La verdad libertaria del siglo XXI no puede estar en un autor canónico del siglo XIX como Bakunin o Kropotkin. Hace falta pensar el anarquismo después de Auschwitz, el Gulag, Hiroshima, el post-sovietismo, el totalitarismo del capitalismo industrial. Por eso publiqué un libro titulado El post-anarquismo explicado a mi abuela que cuenta cómo puede ser ese anarquismo concreto, pragmático y contemporáneo.

¿Cuál es su opinión de los movimientos que surgieron post crisis 2008 como los Indignados en España, Occupy Wall Street o la primavera árabe?

Son movimientos críticos que carecen de una positividad: decir que se está en contra de la arbitrariedad, la tiranía, el partido único, la dictadura, la mafia de los políticos, está muy bien, pero no proponer nada para superarlo, es hacerle el juego al liberalismo que se regodea con esos movimientos sin ningún riesgo para su hegemonía.

¿Cuál es su visión respecto del populismo en gobiernos como el de Venezuela?

No conozco bien a ese país, pero me bastaba con saber que Chávez recibía efusivamente a Ahmadinejad, que propone arrasar con Israel del mapa, para no tener ganas de saber más. Nada justifica pactar con gobernantes que proyectan un genocidio nuclear.

En un artículo del libro menciona a Obama de modo esperanzador. ¿Le gusta su gobierno?

Lo que me gustaba de Obama eran los anuncios: una mano tendida a los pueblos musulmanes para construir una paz internacional, deseo de concretar la paz entre Israel y Palestina, desvinculación imperialista en Afganistán y otros lugares donde EE.UU. dictan la ley mediante la ocupación militar, el cierre de Guantánamo. En ese texto, terminaba escribiendo de todos modos que había que esperar y juzgar en base a los hechos. El tiempo pasó, ahora se puede juzgar en base a los hechos: no hizo nada de todo eso.

Usted se ha definido como pos-anarquista y a favor de una gestión libertaria del capitalismo, ¿cuáles serían las ideas centrales de su visión política?

¡En pocas palabras, es un desafío! Hay que distinguir capitalismo y liberalismo: el capitalismo es un modo de producción de las riquezas basado en la escasez, el liberalismo, un modo de distribución de las riquezas que confía en el mercado libre. El capitalismo es inevitable, es la forma de todo intercambio desde la prehistoria: una conchilla rara es más valiosa que una conchilla común, el capitalismo empieza ahí. Ocurre que el capitalismo es plástico: fue prehistórico, neolítico, egipcio, antiguo, medieval, feudal, industrial, fascista, totalitario (el sovietismo fue capitalismo de Estado, igual que el nazismo), consumista, liberal, hoy es a veces ecologista. Yo propongo que sea libertario: o sea, que la producción permita un reparto que dé la mayor felicidad a la mayor cantidad de gente posible. El post-anarquismo es un pragmatismo que socava el poder internacional macro-lógico a través de resistencias micro-lógicas basadas en puestas en común: cooperaciones, federaciones, asociaciones que ahuyenten radicalmente a esos parásitos que son los distribuidores, promotores, agentes, negociadores, comisionistas, que son la plaga mayor.

En la Argentina sus libros se han traducido desde 1999 y ha predominado en principio una recepción vinculada con la gastronomía y la estética.

Efectivamente, publiqué sobre gastronomía tomando ese ángulo de ataque humorístico para volver a establecer el cuerpo en la historia de la filosofía: pero esos libros fueron reducidos a amables trabajos que celebraban el champán, los vinos, la cocina: fue un malentendido. Estuve una vez en la Argentina, invitado por mi editorial y el Instituto Francés. Fue una semana de huelgas, tenía que ir a la Universidad de Rosario, no pude y me quedé en Buenos Aires de la que guardo el mejor de los recuerdos. Por lo que pude ver –y permítame la audacia de mi improvisación– me da la sensación de que su país tiene las ventajas de Occidente sin los inconvenientes (los valores de Europa, sin su fatiga, sin su agotamiento, sin su nihilismo) y las ventajas de los EE.UU. sin sus inconvenientes (la buena salud directa, la simplicidad eficaz, el pragmatismo sin el deseo imperialista, conquistador, que da lecciones a nivel planetario).

En Buenos Aires el psicoanálisis aún sigue teniendo fuerza. ¿A qué se debe según su criterio?

Es un enigma para mí ver que el psicoanálisis, ese pensamiento mágico del siglo XIX, todavía puede producir semejantes efectos en su país. Carezco de la cultura que me permitiría explicar históricamente el hecho. Pero con el psicoanálisis pasa lo mismo que con todas las ideologías: para instalarse, ser y perdurar necesita inductores, figuras que impongan la secta que, una vez triunfante, se convierte en religión. Esa historia es típicamente argentina, debería estar escrita por un argentino.

¿Cuál es su próximo proyecto luego de la biografía filosófica de Albert Camus?

Estoy trabajando en varios libros a la vez. Terminé cierto número de trabajos que van a publicarse: un libro contra Sade, otro sobre Don Quijote, un décimo tomo de mi Contra-historia de la filosofí a, sobre Lefebvre, Marcuse, Debord y Vaneigem, una obra de teatro en forma poética que es la tercera parte de una tetralogía, un tomo del diario hedonista y una obra que se titulará Cosmos que, en cierto modo, podrá ser considerada, creo, como… mi primer libro. ¡No le digo nada más!

Traduccion: Cristina Sardoy

 

Fuente: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/filosofia/Michel-Onfray-Entrevista_0_959304075.html

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