La caída de una estética

“Los fenómenos más superficiales son, en ocasiones, los más profundos”

-Eric Hobsbawm-

Por Patricio Pilca  /25 mayo 2016

El último terremoto que afectó a las provincias de Manabí y Esmeraldas junta algunos problemas cognitivos. Muchos de éstos han sido analizados de forma sucinta; sin embargo, han dejado de lado un factor importante dentro de estos análisis, el estético. Inconscientemente se ha repetido una noción muy heliocéntrica del problema, se ha colocado en el centro de la discusión al estado y su ineficiencia. Por supuesto, la idea no es justificar, ni mucho menos, el papel limitado que ha cumplido el Estado y toda su institucionalidad, más bien es colocar un elemento más a la discusión. Es proponer una mirada en su totalidad, superando la mirada unilateral del hecho. Es necesario profundizar en la problemática, procurando matizar las interpretaciones.

Aquel fatídico 16 de abril se vino abajo un tipo particular de estética, una íntimamente ligada a la burguesía moderna, que ha desplazado todo aquello que era tradicional por considerarlo bárbaro, poco civilizado. El cemento y el hierro, descubrimientos propios de la modernidad, se constituyeron en los ejes de la construcción que se vino abajo. Basta mirar el sin número de fotografías tomadas en las principales zonas afectadas para darse cuenta de este hecho.

La configuración y posterior consolidación del sistema capitalista, en el siglo XVIII y XIX, y su consecuente reproducción en toda la sociedad, es el punto de partida, pues es a través de éste que se consolidó una clase social: la burguesía, y con esto todo un sistema de vida que se reproduce y se interna en la cotidianidad de la vida de todos los individuos en el planeta. Es necesario retomar este argumento porque desde ahí se estableció una nueva estética, una que fundaba un nuevo tipo de belleza. Estética que se fundió en la vida diaria y en sus relaciones más íntimas y cotidianas. Lo bello se reconfigura a la par que se constituía el sistema económico.

Esta nueva estética se fomentaba a través de dispositivos sumamente imperceptibles, por ejemplo a través de la música que “regocijaba” el espíritu, ese espíritu burgués que se desplegaba a lo largo y ancho del planeta. Otro dispositivo que encontró este espíritu fue la arquitectura. El arte fue y es el punto de conexión más paulatino por donde se adherían los nuevos valores burgueses.

Una nueva sensibilidad, reproducidas por las formas occidentales, por aquellas que niegan esa forma/contenido adquirida en nuestra historia, han ganado terreno, han vendido un sin número de imágenes a través de los medios de comunicación, vendiéndonos un nueva tipo de vida. Una nueva estética se iba imponiendo con el advenimiento del capitalismo.

Este nuevo estilo de vida se exporto a las ex-colonias latinoamericanas desde el siglo XIX. Iniciaba ese (re)medo de Europa. Se inició una transmisión cognitiva que, en tierras latinoamericanas, reconfiguró la modernidad europea. Esa copia y calco tomó nuevos matices que rompían con el canon occidental. Juegan con éste, lo (re)semantizaban y lo viven. Se creaba una modernidad periférica y con ello una estética periférica. Esa que remeda sin ton ni son, y que mantiene, en la medida de lo posible la forma, aunque con un contenido alterado. Es una apariencia que ha denotado una esencia desde ese otro, anclada en una ideología que la hace posible. Valga decir que en este sentido la estética es política, tal como dice Rancierè; o tal como dice Lukács, lo estético es político en tanto que pertenece a lo cotidiano, y que más cotidiano que la vida de una ciudad entorno de un tipo particular de estética, una estética periférica reflejada en la arquitectura y en la vida moderna latinoamericana.

Todo esto se vino abajo, es como la cáscara de un huevo, que al primer rasguño se quiebra. Se vino abajo un tipo de modernidad periférica, un tipo de estética periférica.

A un mes del sismo se ha empezado a discutir la nueva estética de las ciudades caídas, se ha dicho debe ser una estética acorde a las necesidades turísticas. Se empieza a mirar malecones para los turistas ahí donde todo es escombros. Es decir, que no hay la menor duda que la nueva estética llevará a cabo un proyecto desde el poder y con miras a favorecer a las grandes corporaciones turísticas. Ni siquiera es el turismo a pequeña escala, donde se respetan de alguna manera ciertos tipos de cotidianidades, es más bien una donde la gran empresa turística logré alcanzar los mayores réditos.

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